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comúnaño.

domingo, 19 de mayo de 2013

Peine


“La experiencia es un peine que te
da la vida cuando te quedás pelado”
Ringo Bonavena


Disculpe Susana si nunca exploté. Siempre, se lo juro, fue por el peine.
Cada vez que se venía el estallido desaparecía el peine. Usted sabe o sospechó de mi pelo intratable. Luché toda mi vida, Susana. Ni la propia gravedad supo controlarlo.
La gomina ayudaba, claro, pero necesitaba como sea pasarme el peine.  Cada vez que se venía mi canto, que la expulsión estaba latente, desaparecía el peine. Disculpe Susana.
Una vez, recuerdo, el nudo de mi garganta se destrabó fácil. Increíblemente eran mías las palabras que fluían así tan expresivas, poéticas y sinceras. Yo era el dueño de tan acordes palabras.  Resbalaban, Susana. Iban livianas, ágiles  pero no vacías. Corrían con contenido, con fuerte y pesado sentir. Las de esa vez eran las palabras que siempre quise decirle Susana.
Esa fue la vez de más confianza. La de mayor coraje. Tanto que el miedo quedó casi asfixiado. Ahorcado, ahí, de rodillas ante mí. Recuerdo que en un santiamén y sin tijeras coseché todas las margaritas del jardín de mi madre. Me perfumé desesperado y lleno de ilusión. La gomina ya estaba desparramada por toda la cabellera Susana. El pelo casi rendido ante mi decisión. Mansito. Nunca tan dócil, entregado, como esa vez. Pero el peine no estaba Susana…en ningún lado…no estaba… tampoco en el cuarto de mi abuela. No estaba, el peine no estaba.

Perdón por estas lágrimas. Perdón por este viejo pañuelo, no me esperaba este desconsuelo Susana.

… experiencia. Entonces compré tres peines, un paquete con tres. Por si alguna vez retornaba esa divina inspiración, esas dicciones perfectas.
No tardó en volver. Pues esta vez el factor perturbador estaba controlado Susana ¡Imagínese que contaba con tres peines! Seguramente que las palabras eran más toscas que aquella vez, pero, supongo yo, que hubieran salido sinceras. Más prácticas que bellas. Estaba relajado esta vez, hasta jugué frente al espejo, coqueteé con el grosor, con los dientes de cada peine:
 Esta vez usted no pasó por la vereda. Fue cuando su sarampión.
Si hay próxima vez, traeré un nuevo pañuelo. Vendré seguramente mejor escudado ante el dolor.
Lo más doloroso fue cuando corrí hasta la Iglesia –como en las telenovelas- dispuesto a interrumpir su casamiento. Lo hacía por su felicidad Susana. ¿Cuánto más importante era su felicidad que la de sus padres Susana? ¿Cuánto más valiosa era que las propiedades y las tierras del ingeniero? ¿Cuánto más que un apellido? Por eso es que corrí como nunca Susana, pero el viento… Fui apresurado y sin peine Susana. El soplo era tremendo y no podía yo salvar su felicidad con mi cabello rozando los pájaros. Hasta usted Susana me hubiera visto como un ridículo con pretensiones de  héroe.
Disculpe por este pañuelo gastado Susana, por mis lágrimas también.
Disculpe si le falto el respeto, y disculpe si la respeté demasiado.
Disculpe por acercarme aquí, hasta su tumba. Lo que siempre quise hacer es decirle que la amaba. Que la amo…  ¡que te amo Susana! Con estas ganas de estar muerto, te amo.
Disculpe si la tuteo, disculpe si no me saco el sombrero. 



1 comentario:

  1. el final a destiempo del colerico amor al que no se atrevio marquez!
    pulgar arriba con una sonrisa

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comúntxt.

1. adj. Que, no siendo privativamente de nadie, pertenece o se extiende a varios.

2. adj. Corriente, recibido y admitido de todos o de la mayor parte.

3. adj. Ordinario, vulgar, frecuente y muy sabido.

4. adj. Bajo, de inferior clase y despreciable.